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Flamenco: origen, palos y compás

El flamenco es un arte de Andalucía que une el cante, el toque de guitarra y el baile, acompañados de palmas y jaleo. Más que un baile, es todo un lenguaje musical con decenas de estilos, llamados palos, y con un rigor rítmico propio: el compás.

¿De dónde viene el flamenco?

El flamenco tomó forma en la Baja Andalucía, entre Sevilla, Cádiz y Jerez de la Frontera, y se documenta entre finales del siglo XVIII y el XIX. Los gitanos andaluces tuvieron un papel esencial en su desarrollo y en su transmisión dentro de las familias, sobre un fondo de muchas culturas que pasaron por el sur de la península. El origen de la palabra «flamenco» sigue sin aclararse: hay varias teorías y ninguna demostrada.

Desde 1881 los cafés cantantes lo profesionalizaron; el primero lo abrió el cantaor Silverio Franconetti en Sevilla. En el siglo XX, figuras como Paco de Lucía y Camarón de la Isla lo renovaron. Fue Paco de Lucía quien, a finales de los setenta, incorporó el cajón peruano, que descubrió en un viaje a Perú y hoy suena en casi cualquier tablao: un buen ejemplo de ida y vuelta entre España y América.

Patrimonio de la humanidad: la UNESCO inscribió el flamenco en 2010 en su lista de patrimonio cultural inmaterial, con Andalucía como núcleo y raíces también en Murcia y Extremadura.

Palos y compás

Cada palo tiene su ritmo, su carácter y a menudo su tierra. Muchos se cuentan en un ciclo de doce tiempos con acentos en el 3, 6, 8, 10 y 12; otros, como los tangos, van en cuatro.

  • Soleá: seria y solemne. Se la llama a veces «madre» de los palos, aunque no todos derivan de ella.
  • Bulerías: rápidas, juguetonas y llenas de remates, muy ligadas a Jerez; en las fiestas suelen cerrar la reunión.
  • Alegrías: de Cádiz, luminosas, también en compás de doce.
  • Tangos: palo flamenco de compás binario, que no tiene nada que ver con el tango rioplatense.
  • Sevillanas: se suele explicar que no son flamenco en sentido estricto, sino un baile popular de Sevilla y su entorno que viene de la seguidilla castellana y se aflamencó en el siglo XIX. Se bailan en pareja, en cuatro partes fijas, en ferias y romerías, y muchas academias las enseñan como puerta de entrada.

Palmas, jaleo y zapateado

Las palmas sostienen el compás: claras, sonoras, o sordas, con las manos ahuecadas. El jaleo son los gritos de ánimo, «¡olé!», «¡eso es!», que empujan a los artistas. En el baile entra el zapateado, el trabajo de pies con zapatos de clavos que convierte el suelo en percusión; brazos, manos y postura cuentan tanto como los pies.

Consejos para empezar

  • Empieza por la base: muchas escuelas arrancan con sevillanas, postura, braceo y zapateado sencillo antes de pasar a tangos o alegrías.
  • Zapatos y falda: al principio basta un zapato firme con algo de tacón; los de clavos merecen la pena si sigues. Las alumnas suelen llevar falda de vuelo.
  • Palmas en casa: da palmas con grabaciones y cuenta hasta doce; entrena el oído más que cualquier teoría.
  • Sin pareja: el baile flamenco es sobre todo solista, así que puedes ir solo o sola.

Abajo encontrarás escuelas de flamenco en Viena.

Flamenco en Viena: escuelas de flamenco

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